¿Por qué psicoterapia corporal?

Vivimos en una sociedad que de por sí valora mucho más la mente y la palabra, todo aquello que se puede entender y analizar racionalmente, que la información que viene de nuestro cuerpo, nuestras sensaciones o nuestras emociones. El problema surge de este desbalance: cuanto más priorizamos el aspecto mental, más nos vamos desconectando del resto y más ciegos nos volvemos a la enorme influencia inconsciente de esos aspectos “abandonados” sobre nosotros mismos y nuestra vida. Creo que esta es una de nuestras mayores ilusiones (que también nos dividen como sociedad). Creemos ser seres racionales que razonan, cuando en realidad las personas somos seres emocionales que razonan. Nuestros argumentos racionales y nuestras creencias se sostienen en realidad sobre una base emocional arraigada en nuestras propias vivencias afectivas.

Uno de los puntos en común entre las diversas escuelas psicológicas es la concepción de que las enfermedades mentales o las perturbaciones psíquicas suelen asentarse sobre una base de desconexión entre aspectos de la persona o con la realidad misma (disociación, división, escisión o desintegración).

En contraposición, podemos comprender la salud y el bienestar mental como la integración entre los distintos aspectos internos (cuerpo-mente-emoción-espíritu) y la conexión genuina y enraizada en el mundo externo.

La psicoterapia corporal trabaja en esta dirección. Conectar con nuestras diversas dimensiones humanas, descubrirlas, explorarlas, unirlas, y desde el cuerpo aprender a expresarlas, y desde nuestra consciencia aprender a nombrarlas. Por lo tanto, este no es un trabajo puramente corporal sino que la función de la mente y la palabra, juegan, al igual que el cuerpo, un rol fundamental. La intención no solamente es percibir y sentir lo que nos sucede, sino también comprenderlo y poder significarlo de un modo más íntegro.

Nuestro cuerpo contiene las huellas emocionales de todas las experiencias de nuestra vida y por eso es la llave para acceder a esos lugares que no podemos nombrar o recordar. Ya sea porque pertenecen a un contenido inconsciente o porque se inscribieron antes de que aprendiéramos a hablar y tuviéramos palabras para nombrarlas.

El cuerpo es experiencia, sensación y realidad, y por eso una herramienta tan valiosa para crear nuevas experiencias, nuevas sensaciones y nuevas realidades. Cuando logramos conectar con algo nuevo desde el cuerpo, cuando sentimos la apertura de algo distinto y vital, estamos creando huellas, memorias y surcos neuronales nuevos. Así se abre un camino. Un camino de cambio, un camino de posibilidad. Nuevas formas de habitarnos y de habitar nuestra vida; más vitales, más enraizados, más conectados (con el adentro y el afuera) y, en definitiva, más auténticos y libres.

Abordajes y herramientas terapéuticas:

El Análisis Bioenergético consiste en la integración de la mirada analítica (sobre todo de la Teoría del Apego) con ejercicios corporales bioenergéticos.

Somos seres vinculares y así como nos herimos en vínculo, también sanamos en vínculo. Sanamos la falta de amor a través de un vínculo entonado en donde experimentamos algo que sentimos novedosos y que nos hace bien. En la repetición de esa nueva experiencia nuestras neuronas empiezan a inscribir información y memoria nueva. Cuando empezamos a sentirnos mirados, aceptados, registrados y reconocidos por quienes somos, algo empieza a sanar. Aprendemos de a poco a internalizar esa mirada amorosa y a vernos a nosotros mismos a través de ella.

La bioenergética es un abordaje psicocorporal que combina el trabajo energético, la relajación muscular y la expresión emocional, creado por el médico y psicoterapeuta Alexander Löwen.
A través de los ejercicios de bioenergética damos lugar a movimientos expresivos genuinos (no mecánicos) que nos ayudan a movilizar y soltar el estrés y las tensiones corporales, tanto físicas como emocionales.
Por otro lado, también nos da la posibilidad de incrementar nuestra consciencia corporal, amplificando el registro de nuestras sensaciones, nuestros ritmos y nuestra respiración. Habitar nuestro cuerpo. Sentirnos más vivos.

La respiración es una llave de entrada al cuerpo, a nuestra memoria y a nuestras emociones. Ahí donde llega la vitalidad que nos proporciona la respiración profunda, algo despierta y se moviliza. Un cuerpo que respira profundamente, siente profundamente.
La respiración superficial es una defensa corporal inconsciente que vamos construyendo a lo largo de nuestra vida para bloquear emociones y no enterarnos de su existencia. Respiramos poco para sentir poco.
Las emociones y la respiración se encuentran íntimamente ligadas, el equilibrio entre inhalación y exhalación equivale al equilibrio entre contención y descarga emocional.
Tanto la respiración equilibrada, como el enraizamiento, generan sensación de sostén y de centro. Nos ayudan a regular nuestros estados emocionales, sentir nuestros apoyos y desde ahí, contenernos y contener, sostenernos y sostener.

Enraizar es conectarse más con la realidad y la vida. Ser consciente de uno mismo va de la mano con ser consciente de nuestro entorno y de los demás. 

Focusing o El Proceso del Enfoque Corporal es una disciplina que nos proporciona herramientas de escucha y acompañamiento de nuestros procesos internos, enfocándonos en sensaciones sensibles que vienen de nuestro cuerpo.  Se abre paso un camino, un proceso, que nos va guiando hacia una mayor toma de consciencia y una sanación emocional orientada hacia el cuerpo. Es un darse cuenta que integra el saber intelectual con el visceral. Como un puente, se une la sensación interna (cuerpo) con su significado (pensamiento). Citando a C. G. Jung sostenemos que “es mejor ser completos que perfectos”. Recordando esta habilidad que todos tenemos, de escucharnos en nuestra totalidad, es que una mayor integración de nuestras diversas partes es posible.

Este proceso se desarrolla a través de la escucha de nuestro estado actual, de sostener la atención en el presente, en cómo estoy en este momento y cómo está mi cuerpo ahora con esto que me sucede. Se profundiza reconociendo, describiendo, acompañando y permaneciendo con las sensaciones sentidas que surgen. A veces sabemos con qué se relacionan (correlato con nuestra vida y situaciones concretas) y otras veces no, nos sorprenden y traen información que desconocíamos de nosotros mismos.

La transformación se da acompañando eso que está, así como está, sin esperar ni buscar que cambie. “Nuestro cuerpo sabe cual es la dirección de la salud y la vida. Si nos detenemos a escucharlo por medio de la focalización, nos proporcionará los pasos en la dirección adecuada” (E. Gendlin). 

Meditar es estar consciente, presenciar y volverse un espectador.
Es una comprensión, es consciencia.

Meditar no es una técnica, pero como para nuestra mente es muy difícil permanecer en el momento presente y está llena de pensamientos, que la hacen vivir en el pasado, repitiendo escenas que ya sucedieron, y en el futuro, imaginando lo que vendrá, necesitamos de la técnica para meditar. Las técnicas nos ayudan a mantenernos en el momento presente, sirven para tender un puente. 

La meditación nos permite estar con lo que sucede en consciencia, en amor y sin juicio. Agudiza nuestra percepción, abre nuestro corazón y nos libera de los dramatismos en que nos hunde nuestra mente. 

EMDR- Eye Movement Desensitization and Reprocessing (Desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares) es una técnica psicológica terapéutica utilizada para atenuar los efectos negativos de los eventos traumáticos, creada y desarrollada desde 1987 por Francine Shapiro.

Durante la vivencia de un hecho traumático se activan respuestas bioquímicas (adrenalina, cortisol, etc.) que bloquean el sistema de procesamiento de la información del cerebro, haciendo que la información relacionada al trauma quede aislada. Esta red neuronal queda fijada con las mismas emociones, creencias y sensaciones físicas que existieron en el momento en que ocurrió el hecho traumático, sin lograr integrarse al sistema innato que empuja a cada uno hacia la elaboración de la información/hechos que nos suceden todos los días.

La aplicación de esta técnica incluye la estimulación bilateral alternada (entre la parte derecha e izquierda del cuerpo), mediante el movimiento ocular bilateral, el tapping (golpecitos en las rodillas, manos u hombros) o a nivel auditivo. Este procedimiento genera que se estimulen los dos hemisferios, favoreciendo la elaboración y comunicación entre ellos, y desbloqueando la información contenida en el sistema nervioso que formaba el trauma.

La información que había quedado aislada se integra adecuadamente a nivel neuronal, dejando de reproducir el alto nivel de perturbación que se activaba al conectar con dicha situación.

La carta natal es como un mapa energético que abarca nuestros rasgos y deseos, nuestras dimensiones conscientes e inconscientes, las situaciones que vivimos y las personas que nos rodean.
Al explorar este mapa e indagar en nuestra historia y conflictos actuales, podemos ir descubriendo en qué lugares de nuestro mapa estamos parados y desde donde vivenciamos al resto de nuestras energías en la carta natal (también aquellos aspectos que desconocíamos de nosotros mismos). Identificar las contradicciones, juicios y tensiones entre los diversos aspectos que nos conforman, aspectos que muchas veces también chocan con la idea que tenemos de lo que “deberíamos ser” o lo que “debería sucedernos”, nos ayuda a conocernos y comprendernos mejor, integrar nuestras diversidades, aceptarnos un poco mas y mirarnos con más amor. 

Existen muchas formas distintas de abordar esta temática y por este motivo quisiera compartir aquí mi mirada al acompañar un proceso de duelo.

Suele ocurrir que los que rodean a la persona que está atravesando un duelo, no sepan qué hacer y por ello eviten el tema en torno a la muerte. Al contrario de lo que muchos creen, en cuanto a “mejor no tocar el tema para que no se ponga triste”, esto genera una mayor ansiedad, vacío y soledad en quién está atravesando una pérdida. En este contexto, la persona siente incomodidad adentro y afuera, se aísla de su entorno y/o se desconecta de sus emociones cada vez más.

La muerte nos conecta con un dolor indescriptible que nos hace sentir perdidos y vulnerables. Necesitamos contacto y espacios de confianza que nos habiliten a abrirnos sin vivir el peligro de sentirnos dañados nuevamente a través de la incomprensión o el rechazo de lo que nos pasa, así como a sentirnos acompañados y sostenidos para aliviarnos y encontrar fuerzas en un momento de tanta inestabilidad.

Poder nombrar y compartir lo que estamos sintiendo en relación al fallecimiento de un ser querido, nos ayuda a sentirnos acompañados y protegidos. Seguramente el dolor no ceda de un momento a otro por transitar este camino en vínculo, pero sí podemos afirmar que no se le agregará el dolor de la soledad y la falta de amor de nuestras relaciones más vitales.

Contar con un espacio terapéutico en estas situaciones, no sólo nos ayuda a transitarlas con más herramientas y espacio para desplegar nuestra amplia gama de emociones en torno al duelo, sino también nos ayuda a prevenir el aislamiento y el desarrollo de un duelo patológico.

La muerte de un ser querido nos enfrenta con la ausencia física de esa persona en nuestras vidas y el inmenso dolor que eso implica. Sin embargo, no todo desaparece en esa muerte: el amor arraigado en ese vínculo continúa vivo. Darle a este amor, los recuerdos y todo lo que la persona nos dejó, un lugar especial en nuestra vida, es una tarea fundamental del trabajo de duelo. Atravesar este proceso nos lleva a resignificar ese vínculo y a volver a descubrirnos a nosotros mismos y a nuestra vida, de una forma nueva, no sólo vinculada al dolor, sino también al crecimiento, al agradecimiento y al amor.

El Análisis Bioenergético consiste en la integración de la mirada analítica (sobre todo de la Teoría del Apego) con ejercicios corporales bioenergéticos.

Somos seres vinculares y así como nos herimos en vínculo, también sanamos en vínculo. Sanamos la falta de amor a través de un vínculo entonado en donde experimentamos algo que sentimos novedosos y que nos hace bien. En la repetición de esa nueva experiencia nuestras neuronas empiezan a inscribir información y memoria nueva. Cuando empezamos a sentirnos mirados, aceptados, registrados y reconocidos por quienes somos, algo empieza a sanar. Aprendemos de a poco a internalizar esa mirada amorosa y a vernos a nosotros mismos a través de ella.

La bioenergética es un abordaje psicocorporal que combina el trabajo energético, la relajación muscular y la expresión emocional, creado por el médico y psicoterapeuta Alexander Löwen.
A través de los ejercicios de bioenergética damos lugar a movimientos expresivos genuinos (no mecánicos) que nos ayudan a movilizar y soltar el estrés y las tensiones corporales, tanto físicas como emocionales.
Por otro lado, también nos da la posibilidad de incrementar nuestra consciencia corporal, amplificando el registro de nuestras sensaciones, nuestros ritmos y nuestra respiración. Habitar nuestro cuerpo. Sentirnos más vivos.

La respiración es una llave de entrada al cuerpo, a nuestra memoria y a nuestras emociones. Ahí donde llega la vitalidad que nos proporciona la respiración profunda, algo despierta y se moviliza. Un cuerpo que respira profundamente, siente profundamente.
La respiración superficial es una defensa corporal inconsciente que vamos construyendo a lo largo de nuestra vida para bloquear emociones y no enterarnos de su existencia. Respiramos poco para sentir poco.
Las emociones y la respiración se encuentran íntimamente ligadas, el equilibrio entre inhalación y exhalación equivale al equilibrio entre contención y descarga emocional.
Tanto la respiración equilibrada, como el enraizamiento, generan sensación de sostén y de centro. Nos ayudan a regular nuestros estados emocionales, sentir nuestros apoyos y desde ahí, contenernos y contener, sostenernos y sostener.

Enraizar es conectarse más con la realidad y la vida. Ser consciente de uno mismo va de la mano con ser consciente de nuestro entorno y de los demás. 

Focusing o El Proceso del Enfoque Corporal es una disciplina que nos proporciona herramientas de escucha y acompañamiento de nuestros procesos internos, enfocándonos en sensaciones sensibles que vienen de nuestro cuerpo.  Se abre paso un camino, un proceso, que nos va guiando hacia una mayor toma de consciencia y una sanación emocional orientada hacia el cuerpo. Es un darse cuenta que integra el saber intelectual con el visceral. Como un puente, se une la sensación interna (cuerpo) con su significado (pensamiento). Citando a C. G. Jung sostenemos que “es mejor ser completos que perfectos”. Recordando esta habilidad que todos tenemos, de escucharnos en nuestra totalidad, es que una mayor integración de nuestras diversas partes es posible.

Este proceso se desarrolla a través de la escucha de nuestro estado actual, de sostener la atención en el presente, en cómo estoy en este momento y cómo está mi cuerpo ahora con esto que me sucede. Se profundiza reconociendo, describiendo, acompañando y permaneciendo con las sensaciones sentidas que surgen. A veces sabemos con qué se relacionan (correlato con nuestra vida y situaciones concretas) y otras veces no, nos sorprenden y traen información que desconocíamos de nosotros mismos.

La transformación se da acompañando eso que está, así como está, sin esperar ni buscar que cambie. “Nuestro cuerpo sabe cual es la dirección de la salud y la vida. Si nos detenemos a escucharlo por medio de la focalización, nos proporcionará los pasos en la dirección adecuada” (E. Gendlin). 

Meditar es estar consciente, presenciar y volverse un espectador.
Es una comprensión, es consciencia.

Meditar no es una técnica, pero como para nuestra mente es muy difícil permanecer en el momento presente y está llena de pensamientos, que la hacen vivir en el pasado, repitiendo escenas que ya sucedieron, y en el futuro, imaginando lo que vendrá, necesitamos de la técnica para meditar. Las técnicas nos ayudan a mantenernos en el momento presente, sirven para tender un puente. 

La meditación nos permite estar con lo que sucede en consciencia, en amor y sin juicio. Agudiza nuestra percepción, abre nuestro corazón y nos libera de los dramatismos en que nos hunde nuestra mente. 

EMDR- Eye Movement Desensitization and Reprocessing (Desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares) es una técnica psicológica terapéutica utilizada para atenuar los efectos negativos de los eventos traumáticos, creada y desarrollada desde 1987 por Francine Shapiro.

Durante la vivencia de un hecho traumático se activan respuestas bioquímicas (adrenalina, cortisol, etc.) que bloquean el sistema de procesamiento de la información del cerebro, haciendo que la información relacionada al trauma quede aislada. Esta red neuronal queda fijada con las mismas emociones, creencias y sensaciones físicas que existieron en el momento en que ocurrió el hecho traumático, sin lograr integrarse al sistema innato que empuja a cada uno hacia la elaboración de la información/hechos que nos suceden todos los días.

La aplicación de esta técnica incluye la estimulación bilateral alternada (entre la parte derecha e izquierda del cuerpo), mediante el movimiento ocular bilateral, el tapping (golpecitos en las rodillas, manos u hombros) o a nivel auditivo. Este procedimiento genera que se estimulen los dos hemisferios, favoreciendo la elaboración y comunicación entre ellos, y desbloqueando la información contenida en el sistema nervioso que formaba el trauma.

La información que había quedado aislada se integra adecuadamente a nivel neuronal, dejando de reproducir el alto nivel de perturbación que se activaba al conectar con dicha situación.

La carta natal es como un mapa energético que abarca nuestros rasgos y deseos, nuestras dimensiones conscientes e inconscientes, las situaciones que vivimos y las personas que nos rodean.
Al explorar este mapa e indagar en nuestra historia y conflictos actuales, podemos ir descubriendo en qué lugares de nuestro mapa estamos parados y desde donde vivenciamos al resto de nuestras energías en la carta natal (también aquellos aspectos que desconocíamos de nosotros mismos). Identificar las contradicciones, juicios y tensiones entre los diversos aspectos que nos conforman, aspectos que muchas veces también chocan con la idea que tenemos de lo que “deberíamos ser” o lo que “debería sucedernos”, nos ayuda a conocernos y comprendernos mejor, integrar nuestras diversidades, aceptarnos un poco mas y mirarnos con más amor. 

Existen muchas formas distintas de abordar esta temática y por este motivo quisiera compartir aquí mi mirada al acompañar un proceso de duelo.

Suele ocurrir que los que rodean a la persona que está atravesando un duelo, no sepan qué hacer y por ello eviten el tema en torno a la muerte. Al contrario de lo que muchos creen, en cuanto a “mejor no tocar el tema para que no se ponga triste”, esto genera una mayor ansiedad, vacío y soledad en quién está atravesando una pérdida. En este contexto, la persona siente incomodidad adentro y afuera, se aísla de su entorno y/o se desconecta de sus emociones cada vez más.

La muerte nos conecta con un dolor indescriptible que nos hace sentir perdidos y vulnerables. Necesitamos contacto y espacios de confianza que nos habiliten a abrirnos sin vivir el peligro de sentirnos dañados nuevamente a través de la incomprensión o el rechazo de lo que nos pasa, así como a sentirnos acompañados y sostenidos para aliviarnos y encontrar fuerzas en un momento de tanta inestabilidad.

Poder nombrar y compartir lo que estamos sintiendo en relación al fallecimiento de un ser querido, nos ayuda a sentirnos acompañados y protegidos. Seguramente el dolor no ceda de un momento a otro por transitar este camino en vínculo, pero sí podemos afirmar que no se le agregará el dolor de la soledad y la falta de amor de nuestras relaciones más vitales.

Contar con un espacio terapéutico en estas situaciones, no sólo nos ayuda a transitarlas con más herramientas y espacio para desplegar nuestra amplia gama de emociones en torno al duelo, sino también nos ayuda a prevenir el aislamiento y el desarrollo de un duelo patológico.

La muerte de un ser querido nos enfrenta con la ausencia física de esa persona en nuestras vidas y el inmenso dolor que eso implica. Sin embargo, no todo desaparece en esa muerte: el amor arraigado en ese vínculo continúa vivo. Darle a este amor, los recuerdos y todo lo que la persona nos dejó, un lugar especial en nuestra vida, es una tarea fundamental del trabajo de duelo. Atravesar este proceso nos lleva a resignificar ese vínculo y a volver a descubrirnos a nosotros mismos y a nuestra vida, de una forma nueva, no sólo vinculada al dolor, sino también al crecimiento, al agradecimiento y al amor.