De migrante a migrante

El proceso de dejar nuestro pueblo, nuestra ciudad o nuestro país para emprender la aventura de mudarnos a otro lado, implica un profundo trabajo de desarraigo, de duelo y de volver a construir y encontrar nuestro lugar (y encontrarnos a nosotros mismos) en una tierra y en un paisaje totalmente nuevo. Es un desafío enorme, desgastante y complejo. Por momentos, inentendible y confuso (como pueden ser los nuevos idiomas), o carente de sentido, en donde podemos llegar a preguntarnos porqué habíamos tomado la decisión que nos trajo hasta acá. Esto no significa arrepentirse, ni querer volver atrás, sino que es parte de este proceso que nos enfrenta con tantas emociones juntas y temas concretos y difíciles como el trabajo, las burocracias, el idioma, los códigos sociales nuevos, la falta de familia y amigos, entre muchas otras cosas. Elaborar todo esto, construir nuevos vínculos de confianza e ir adaptándonos a esta nueva realidad, lleva mucho esfuerzo y tiempo. No es nada fácil, pero es importante que sepamos que no tenemos porqué hacerlo solos.

Como migrante, que también vivió y vive la mayoría de estas adversidades, y conoce por experiencia propia de qué se tratan, puedo decir que atravesar esto junto a un otro que viene de una cultura que me resulta familiar o con la que me identifico, que sabe de qué le hablo, que me acompaña en mi proceso y me ayuda a volver a encontrarme conmigo misma en un espacio terapéutico a mi medida, es una gran ayuda para atravesar esta aventura con más recursos, comprensión, seguridad y sostén.